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10 años de 25 watts

Una entrevista con Pablo Stoll, director de 25 watts, a diez años del estreno de una película personal que se convirtió en un manifiesto generacional.
-¿Qué recordás del día del estreno de 25 watts?
El día del estreno comercial fui hasta el cine Libertad, que tenía la fachada dividida entre En la puta vida y 25 watts, y era una cosa bastante rara, ver dos películas uruguayas en cartel. Fernando [Epstein, el productor y montajista] y Juan [Pablo Rebella] habían salido a recorrer salas, dieron más vueltas. De ahí me fui a La Ronda, hacíamos la fiesta del estreno ahí. Por alguna razón no se podía entrar por la puerta, no estaba habilitado el local, así que había que entrar y salir por la ventana.Y no había que salir a fumar. Hace 10 años se podía fumar adentro.

-¿En qué cambió tu vida en estos últimos diez años?
En diez años mi vida cambió varias veces. Una fue a partir de 25 watts, cuando se estrenó en Rotterdam, ganamos el premio y se descorrió un velo sobre un mundo que no conocíamos. Ahí arrancó toda una situación que desembocó en Whisky. Después, el otro cambio importante fue la muerte de Juan. Fue un cambio muy grande en mi vida personal. Mi rutina era estar muchas horas por día con Juan, hablar por teléfono con él, tener un montón de reuniones en común, cosas que hacíamos juntos, y ahora hace cinco años que no. Otro momento raro fue volver a hacer películas, volver a encarar el cine. En algunas otras cosas no cambié demasiado.
-¿Hay alguna anécdota del rodaje que tengas presente?
Acabo de filmar una película con muchas de las personas que filmamos 25 watts, y me di cuenta que a los 25 se podían hacer cosas que a los 35 te pesan un poco más. Los dos últimos días de rodaje de 25 watts no paramos. Fue una locura, con una energía que ahora ya no tengo. Lo que me acuerdo del rodaje es esa especie de excitación total. Era todo un quilombo, pero estaba buenísimo en ese momento, y además no lo sabíamos hacer de otra manera.
-Cuando estás haciendo zapping y la ves en Canal 5 ¿qué se te pasa por la cabeza?
No me pasó nunca, pero sí me pasó que una vuelta vi que habían cortado los créditos, y me calenté y mandé una carta, llamé por teléfono. Me gustó que Canal 5 la programara el 25 de diciembre. Me parece un día perfecto para 25 watts. Es una película con ese clima así, terrible, como de un 25 de diciembre. Me pareció que fue una buena movida de programación. Un bajón, pero bueno, una buena forma de pasar un bajón.
-La banda de sonido es casi un cuarto personaje. ¿Cómo eligieron esas canciones?
Originalmente el guión se llamaba Stooges, y había una escena con I wanna be your dogSalía 20.000 dólares conseguir el tema, y teníamos 25.000 para filmar toda la película, así que dejamos de lado las bandas extranjeras. Íbamos probando música de gente amiga que no nos iba a hacer quilombo con los derechos. La música, que era una cosa que nos unía mucho con Juan, estaba muy presente. Sobre todo en esta película, que era como una declaración de principios.
-Con 25 watts descubrieron el mundo de los festivales y viajaron mucho. ¿Qué recuerdos tenés de esas giras?
Aprendimos todo medio a los golpes. Estuvimos como un año entero viajando. De hecho, una de las cosas que me pasan ahora es que ya no me dan tantas ganas de hacer eso. Está buenísimo hacerlo una vez, y ya con Whisky fue más pesado. Fuimos a Japón y nos pasamos una semana adentro de una habitación, dando entrevistas, y después de eso, como que llega a ser re aburrido. Y a la vez decís, cómo va a ser aburrido, estoy en Japón. Es muy raro.
-¿La has visto últimamente?
La última vez que la vi fue hace cinco, seis años, en un festival en Finlandia. Traté de verla entera y no pude, me fui porque estaba viendo sólo los problemas. Volví para ver los últimos diez minutos, y me di cuenta que en realidad no importaba, porque los últimos diez seguían estando buenos, seguían siendo emocionantes. Y ahí está la canción de Maxi [Angelieri], que en la letra dice “Yo sé que todo el mundo envejece, pero para mí es la primera vez”, que me pegó muchísimo.Tenía como un sentido de sentirse más viejo, no sé si más maduro, pero más viejo. Es una película que por mucho tiempo más no voy a volver a ver.Tal vez se haya transformado en una especie de película generacional, pero en realidad es muy personal, de mis amigos, de mis cosas.
-¿Cuál sería una postal de los diez años de 25 watts?
Hace poco fui a visitar a Dani Hendler en Buenos Aires, a conocer a su segundo hijo. Él se transformó en el símbolo de la película. La campera de cuero le quedaba muy chica, y en vez de conseguir otra, dijimos “No, que la use y que sea un tipo que se pone una campera que le queda chica porque quiere ser una cosa que no es”. Era muy de nosotros, a los 20 años, querer hacerte el rockero cuando no lo eras, y eras de Pocitos. Cuando vi cómo agarraba al pibe no pensé en él padre, sino que pensé en él con la campera de cuero esa que le queda mal, poniendo esas caras, queriendo hacerse el rockerito, y me emocionó mucho. Como postal, es esa.

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