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Batman (1989) de Tim Burton: veinte años haciendo soñar (2ª parte)


El público se entusiasma con esta nueva versión del personaje que nada tiene que ver con la que veinte años atrás había popularizado Adam West. La actuación de Michael Keatonconsigue callar las bocas que hablaban en su contra y dudaban de su valía para llevar adelante el papel. El actor, a pesar de su aparentemente escasa capacidad física, da forma a un Batman de imponente presencia y aspecto amenazador, a lo que colabora decisivamente la excelente armadura muscular que se le confecciona. El Batman que aquí se puede ver es una auténtica criatura de la noche, con el poder de infundir el terror en los corazones de los criminales o en el de quienquiera que se cruce en su camino. Oscuro, siniestro e implacable. Keaton realiza una excelente interpretación, poniendo especial énfasis en su mirada, a través de la cual es capaz de transmitir gran variedad de sensaciones.

Por eso, no es solo su labor como superhéroe la que es digna de elogio. Destacan especialmente las escenas de Bruce Wayne en la soledad de la batcueva, o el momento en que deposita dos rosas en el lugar en que sus padres fueron asesinados. Le percibimos como un hombre profundamente obsesionado y constantemente atormentado por sus traumas internos, cuyo semblante evoca la pesadumbre de una tristeza infinita. Además, Tim Burtonpretende explorar el modo en que esta persona afronta sus relaciones sociales, revelando la manera en que se ve impedido para establecer contacto con los demás, mostrando siempre incomodidad y desasosiego cuando pretende ser Bruce Wayne y no Batman.

Y qué decir de la actuación de Jack Nicholson como Joker, perfectamente adaptado a su papel de criminal juguetón, con una alegría sádica desmedida. El veterano actor da rienda suelta a su creatividad con multitud de gesticulaciones y payasadas que conforman un personaje maliciosamente divertido, un perverso asesino bromista que pretende hacer del mundo su campo de juegos particular. El histrionismo de Nicholson desborda las interpretaciones del resto del elenco, de manera que es quizá quien marca el ritmo del film y acaba consiguiendo que su desarrollo gire en torno a él, eclipsando en cierto modo a los demás actores. La alegría salvaje del Joker y el caos de su locura suponen el perfecto contrapunto para un Batman torturado y depresivo que se enfrenta al mundo intentando forzarlo a tener algún sentido.
Otra caracterización genial es la del entrañable Alfred de Michael Gough, que conserva la fina ironía que le ha hecho reconocible en los comics de la época. Otros intérpretes, como la bella Kim Bassinger o Billy Dee Williams, cumplen con su cometido sin sobresalir demasiado, aportando lo que espera de sus papeles sin nada reseñable o fuera de lo común.

Pero el punto más sobresaliente de la película es quizá su apabullante dirección artística, toda una lección en la creación de un microuniverso extremadamente particular y único, que no se parece a nada que se haya visto antes. Los impresionantes decorados conforman una Gotham City marcadamente lóbrega y oscura y sofisticadamente feísta, de dimensiones y formas que empequeñecen a sus habitantes y transmiten una cierta sensación de opresión y desesperanza. Es común en las películas de Tim Burton la influencia del gótico, que aquí puede apreciarse especialmente en la catedral de Gotham, mientras que el diseño del llamado museo Flugelheim remite al expresionismo alemán. La película conseguirá el más que merecido Oscar a la mejor dirección artística de 1989, recompensando así el arduo y meritorio esfuerzo de Antón Furst y Peter Young. Otros pequeños pero importantes elementos del film llaman poderosamente la atención del espectador, como es el caso del precioso y muy estilizado Batmóvil. El diseño del vehículo es sin duda el mejor en toda la historia de Batman, y se convirtió en la imagen arquetípica con la que ya todo el mundo identificará al Batmóvil en lo sucesivo. Veinte años después, y aunque existen ya recreaciones más modernas, ha sido usado en un spot publicitario como el inconfundible y eterno “coche de Batman”.
No debe olvidarse tampoco la importancia de la música ambiental, otro de los apartados sobresalientes en esta producción. El genial compositor Danny Elfman configura una partitura llena de melodías oscuras y evocadoras, perfectamente adaptadas a lo que se está narrando en el relato. Las épicas composiciones consiguen transmitir la grandiosidad del personaje de Batman, acompañadas siempre de un toque de tristeza y melancolía. A este respecto, es especialmente memorable la escena en que Batman, a bordo del Batmóvil, conduce a Vicky hasta la misteriosa Batcueva, a través de siniestros y muy lóbregos paisajes. La música, resonante y grandiosa, consigue evocar a la perfección la confusión de sentimientos que los personajes experimentan en ese momento.
Además, el artista pop Prince es el encargado de realizar un disco con la banda sonora original para la película. Las canciones, con nombres como Batdance o Scandalous, no dejan de resultar curiosas, aunque es obvio que su naturaleza ligera las aparta completamente del espíritu general del film. Sí pueden servir al cometido de acompañar las locuras y payasadas del Joker, llegando a ambientar varias escenas, como la de la genial y transgresora destrucción de las obras de arte del museo.
A pesar de sus enormes virtudes, la película no es perfecta y esconde importantes errores de bulto. Para los aficionados de toda la vida, es difícil de asumir el hecho de que Batman mate o la revelación final de que Joker es el asesino de los padres de Bruce Wayne. No dejan de ser fallos bastante notables que diluyen en cierta manera la esencia original del personaje, y resultan algo desconcertantes por el hecho de que podrían haberse evitado fácilmente. Así pues, aunque algunos elementos del film encuentran inspiración en los comics, se echa de menos una mayor fidelidad al medio original del personaje. Por ejemplo, la escasa relevancia de un personaje tan carismático como el comisario Gordon supone una decepción para muchos. También se implanta de forma arbitraria un origen para el Joker, que ahora cuenta con la identidad civil de Jack Napier. Se pierde así la sutileza de esa obra maestra del comic que es La Broma Asesina, en la que el relato de su origen nada en el limbo entre la verdad y la mentira, formando parte de los delirantes y poco fiables recuerdos del criminal.
Quizá el gran punto débil del film sea el del guión, que se resiente por las numerosas reescrituras que sufre, incluso en el mismo transcurso del rodaje. El apartado más afectado es el del desarrollo de los acontecimientos durante el relato, cuya credibilidad es muchas veces difícil de asumir incluso dentro de las excéntricas características de este universo aparte. Ha de tenerse en cuenta que la coherencia y cohesión en la narración de los hechos nunca ha sido el punto fuerte de las películas de Tim Burton, al contrario que la exploración de personajes emocionalmente muy complejos y de gran carisma. De esta manera, los hechos acontecidos no suponen más que una excusa para profundizar en las obsesiones y motivaciones de tan excéntricos personajes que resultan fascinantes al espectador.
Así pues, la película supuso toda una extraordinaria experiencia para aquellos que hace ya veinte años tuvieron la oportunidad de contemplar un espectáculo fuera de lo común y adelantado a su tiempo, que desafiaba los cánones de todo lo visto hasta entonces. Teniendo en cuenta las actuales nuevas versiones cinematográficas del personaje, dirigidas por Christopher Nolan, puede que Batman no pueda ser considerada ya la mejor película sobre el Caballero Oscuro. Sin embargo, no cabe duda de que ha de ser recordada como la más importante, por su labor fundamental al conseguir acabar con la percepción que el gran público tenía sobre el personaje hasta entonces: la de la hortera serie de comedia de los ´60 de Adam West. La película colocó en la imaginería cultural americana y mundial a un Señor de la Noche oscuro e implacable inmerso en un universo tétrico, convirtiéndose en un éxito sin precedentes que entusiasmó a toda una generación. Si hoy seguimos disfrutando de más adaptaciones al cine del personaje, es sin duda gracias al inesperado y alucinante fenómeno social que supuso este visionario film de 1989, que aún permanece como el favorito en el corazón de muchos. Veinte años después, sigue ejerciendo la misma capacidad de fascinación en quienes la descubren por primera vez.

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