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repaso por las dos etapas más importantes del Capitán América


Aprovechando el reciente estreno de “El Capitán América: El Primer Vengador”, El Pito de Lázaro te trae un repaso por las dos etapas más importantes del personaje en los últimos 20 años. Dos versiones del Capi muy distintas entre sí que demuestran la riqueza de este gran personaje.



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Nadie puede negar el valor icónico de Superman así como tampoco el del Capitán América (aunque no tanto como el de aquel) quien junto a Spider-Man integra el podio de los héroes más representativos de La Casa de las Ideas. Sin embargo, tal como sucede con el Hombre de Acero, el Capitán suele ser un personaje injustamente subvalorado.
No es difícil encontrar comentarios referentes a la chatura del personaje, como si con él no existiese la posibilidad de contar buenas historias. Quizás, ese rechazo o prejuicio tenga su fundamento en la identificación del Capitán con los Estados Unidos (y sí, el muchacho va por el mundo vestido con la bandera tricolor) lo que ayuda a imponer la idea de que se trata meramente de un soldado al servicio del gobierno de turno. Convengamos que si hacemos un repaso histórico, ese vínculo no lo dejaría bien parado.
Más allá de ciertas historias, añejas en su mayoría, en las que el rol del personaje era justamente ese, el Capitán América es la representación y personificación de ciertos valores que no son patrimonio de ningún pueblo en particular, sino que se trata de valores e ideales universales.
No es la idea de esta entrega de EPDL el hacer un repaso por la historia del personaje, sino el destacar las dos etapas más importantes de su serie en los últimos 20 años. Etapas que pintan dos versiones muy distintas del personaje y que al mismo tiempo demuestran el potencial de este gran personaje.

Captain America (vol. 3) #1 - 23
Guión: Mark Waid / Dibujos: Ron Garney - Andy Kubert

A mediados de la infame década de los 90, Mark Waid, junto a Ron Garney en los lápices, se hizo cargo de la serie a partir del número 444. Apenas diez números más tarde, esta primera etapa de Waid al frente del personaje llegó a su fin. Si bien la serie contó con el apoyo unánime de la prensa especializada y fundamentalmente de los lectores, la Marvel tenía otros planes para el destino de sus personajes. Ese plan se llamó Heroes Reborn, el megavento del año que trajo consigo el relanzamiento de las principales franquicias de la editorial con el objetivo de captar a una nueva generación de lectores (¿les suena?), quedando el siempre controversial Rob Liefeld al frente de la serie del Capi.
Las historias se desarrollarían en un universo creado por Franklin Richards, el hijo de Mr. Fantástico, en el cual los héroes fueron a parar enviados por aquel para salvar sus vidas de los ataques del villano Onslaught. Luego de 6 números de cuestionable calidad y con problemas contractuales de por medio, Liefeld, uno de los nenes dorados de los 90, abandonó la serie.
Para ese entonces, el daño ya estaba hecho. Los cambios introducidos en los personajes llevaron a que los fans pusieron el grito en el cielo, por lo que finalmente la Marvel decidió hacer una suerte de tabula rasa y lanzó Heroes Return, con el regreso de los personajes al universo original y desde el número 1, ¡nuevamente y en menos de un año!
Precisamente ahí es cuando Waid aparece una vez más en escena. Waid es un autor que a lo largo de su carrera se ha destacado por ser el responsable de algunos de los arcos argumentales más memorables que han tenido personajes como Flash y Fantastic Four, ganándose el respeto de los lectores no sólo por la valía de sus historias sino también por el cariño que se percibe siente por sus personajes. Afortunadamente, la experiencia con el Capitán América no fue la excepción.
Así es que a principios de 1998, Waid volvió a la serie de la que Marvel nunca debería haberlo sacado. Con Garney una vez más encargándose del arte, se lanzó Captain America #1 (volumen 3). Su etapa al frente del Capitán se extendió esta vez durante 23 números, con algunos momentos relativamente complicados, sobre todo a partir de ciertos tires y aflojes en su relación con los editores.
Los dos grandes arcos argumentales de este período tienen como protagonistas por el lado de los villanos, primero a Nightmare, un nuevo personaje que manipula a los referentes del llamado “sueño americano” para acabar con él (así dicho puede sonar un desastre pero les aseguro que en los papeles funciona bien) y por otro al clásico Red Skull, quien absorbe los poderes del Cubo cósmico y crea un futuro alternativo a su imagen y semejanza, en el que seguramente no te gustaría vivir.
Lo interesante de todo esto, es que si bien se trata de historias con un importante costado fantástico, igualmente Waid se las arregla para darle un tinte político al asunto, sin caer en el siempre tentador panfleto o bajada de línea. La persecución a inmigrantes, el mal funcionamiento del sistema carcelario y el poder de la política de corromper hasta a los hombres más honestos, son algunos de los temas que Waid aborda en las aventuras superheroicas del Capi, obligándolo a éste a reflexionar sobre las implicancias éticas y morales de su rol como ícono.
Es cierto que por momentos los mónologos internos del Capitán América se vuelven demasiado solemnes por demás, pero como el propio Waid se ha encargado de aclarar en alguna que otra entrevista, ¿con qué otro personaje podría aplicar este tipo de retórica si no con el Capi? Punto para Mark.
La partida de Waid en el número 23 de la serie podría decirse que comenzó a sellarse casi un año antes con los incidentes que rodearon a la publicación del número 14. Durante los 13 números anteriores, Waid preparó el terreno para lo que sería el punto alto de su etapa con la reaparición del Red Skull. Sin embargo, no sería un número cualquiera, sino uno en el que se contaría el origen del antagonista principal del Capitán, con la particularidad de que se trataría de una historia narrada desde la perspectiva del propio villano nazi. Según cuenta Waid en una entrevista reciente para CBR, se trataba de una historia muy delicada en donde se mostraba una faceta verdaderamente siniestra del personaje y que podía llegar a herir la sensibilidad de muchos, por lo que era fundamental contar con el apoyo de editores y directivos de la Marvel para su publicación.
Luego de varias reuniones, las aprobaciones estaban. Sin embargo, un día antes de que el número ingresara a la imprenta, uno de los directivos que hasta el momento no se había pronunciado decidió hacerlo, entendiendo que no era el mejor momento para que una historia de ese estilo viese la luz. Historia que el propio Waid definió como una de las que más orgullo le ha generado en su extensa carrera. Finalmente, el guión sufrió varios cortes y fue reescrito en la mayoría de sus tramos, pero no por Waid, quien solicitó que su nombre fuese retirado de los créditos (su nombre igual figura en la tapa ya que la misma había sido impresa con anterioridad).
Afortunadamente, después de más de 10 años, Marvel decidió incluir la historia original tal como debió ser contada, en la nueva edición de los tomos recopilatorios de esta etapa que actualmente se están publicando.
Con la salida de Waid ya nada fue igual y un par de años más tarde este volumen de la serie llegaría a su fin. Lamentablemente, el final quedó un tanto inconcluso y con el gusto amargo de suponer que si lo hubiesen dejado actuar con más libertad, seguramente hubiese sido aún mejor de lo que resultó.

Captain America (vol. 5) #1 - 50, #600 hasta la actualidad.
Guión: Ed Brubaker / Dibujos: Steve Epting y varios.

Ed Brubaker se hizo cargo de la serie del Capi en un momento en que la misma parecía estar a la deriva. Luego del atentado a las Torres Gemelas, la serie había tomado un discurso muy pos 11/9, algo lógico si tenemos en cuenta que de los 2 grandes universos superheroicos, el de Marvel siempre fue el que coqueteó de manera más directa con los acontecimientos del mundo real. Estaba claro que un personaje como el Capitán América no iba a ser ajeno a un hecho de semejante magnitud.
Para ese entonces, Brubaker estaba terminando su contrato de exclusividad con DC Comics (en donde dejó su sello en las excelentes, Gotham Central y Catwoman, entre otras) cuando un llamado de Brian Michael Bendis hizo que cambiara de vereda pasando a la Casa de las Ideas. Cuenta Brubaker que en esa charla, Bendis le preguntó con qué personaje le gustaría trabajar y la respuesta salió de inmediato sin dudarlo. Adivinen quién.
En el año 2004, se pondría a la venta Captain America #1, el quinto volumen de la serie, con Ed Brubaker en los guiones y Steve Epting en el arte. No iba a ser una etapa como cualquier otra, sino una muy especial en la que se produciría el retorno de entre los muertos de Bucky Barnes, el mejor amigo y sidekick del Capitán en épocas de la Segunda Guerra Mundial.
Ah, y también se moriría Steve Rogers, o al menos algo así.
Hasta su reaparición de la mano de Brubaker, Bucky había sido uno de los pocos personajes que iban en contra de esa norma no escrita en el mundo del cómic de superhéroes según la cual nadie nunca está definitivamente muerto. Los lectores habían demostrado que podían vivir perfectamente sin Bucky y quizás por ese motivo, nadie nunca había decidido traerlo de regreso. La vuelta de Bucky tenía entonces que venir con una gran historia por detrás. Una historia que justificara el regreso de un personaje que nadie pidió.
El giro argumental del Bru resultó excelente: presuntamente muerto, se reveló que en realidad, Bucky había caído en manos de los servicios de inteligencia soviéticos quienes le lavaron el cerebro y lo programaron para convertirlo en un agente encubierto que respondería al nombre de Winter Soldier, quien era “despertado” únicamente para ejecutar misiones especiales. El tiempo que transcurría entre misión y misión lo pasaba en una cámara criogénica, lo cual justificaba el que apenas hubiese envejecido unos pocos años desde su desaparición.
El Winter Soldier resultó ser un personaje interesantísimo que de a poco se fue adueñando de la serie, desplazando al propio Steve Rogers no sólo del rol protagónico sino también de la preferencia de los lectores. Se trataba de un personaje lleno de matices, que arrastraba un pasado muy oscuro con el que le era prácticamente imposible convivir.
La primera gran parada en esta mega-historia del Capitán América que Brubaker viene contando desde el año 2004, se dio en el número 25 de la serie, momento en el que se produjo el asesinato de Steve Rogers. Para ese entonces, estaba claro que la excelente construcción del personaje de Bucky durante los dos años anteriores sólo podía significar que él sería el sucesor que cargaría el escudo y continuaría con su legado. Sin dudas, se trató de una jugada inteligentísima, ya que con ella se abría un abanico totalmente nuevo de historias que explorar. Esta idea, que a priori era muy arriesgada, resultó un éxito al punto que ya nadie extrañaba al Capitán original.
Hoy en día, 7 años más tarde, podemos decir que esta nueva versión de Bucky Barnes (Winter Soldier, o como quieran llamarle) se ha convertido en uno de los personajes más interesantes que el cómic superheroico ha dado en la última década y en uno de los pilares del universo Marvel actual. Con la vuelta de Bucky, Brubaker demostró que no existen malos personajes, sino personajes mal aprovechados y que el potencial para contar buenas historias se encuentra a veces en los lugares y personajes menos pensados.
Comparándolo con la recién mencionada etapa de Waid, hay que decir que el tono de la serie es totalmente distinto. Si hacemos un listado de los mejores guionistas de la actualidad, Brubaker entra en él sin despeinarse. Sin embargo, a diferencia de autores como Morrison, Ellis o Moore, en Capitán América, Brubaker ha evitado caer en esa narrativa densa y auto-referencial que caracteriza a aquellos, optando por historias que se mueven a la velocidad de cualquier película de la saga Bourne. Con toques del noir (una especialidad del Bru), altas dosis de espionaje, un excelente desarrollo de los personajes secundarios y una paranoia tal que uno como lector nunca sabe en qué equipo juega cada uno, Capitán América se convirtió en una serie como ninguna otra en la industria del cómic norteamericano.
El estilo visual de la serie es otro de los elementos que ha ayudado a generar esa sensación de estar presenciando una única gran historia planificada de principio a fin. Aún cuando Steve Epting ha sido el dibujante que principalmente ha acompañado a Brubaker en la serie, cada nuevo dibujante que se ha sumado, si bien manteniendo su sello personal, ha seguido una línea estética con un estilo bastante cinematográfico que calza a la perfección para este tipo de historia. Incluso, el haber mantenido una misma paleta de colores en cada uno de los números ha contribuido a ese todo indivisible en el que se ha convertido la serie.
Estamos en el 2011, Brubaker sigue al frente de la serie del Capi y creo no equivocarme al afirmar que se trata de lo mejor que Marvel ha publicado en la pasada década, o al menos la serie más pareja en su nivel. En la actualidad, el universo Marvel está saliendo de un período oscuro que se extendió durante los últimos años. Las fabulas políticas y el clima de histeria reinante están dejando lugar a una auto-proclamada Heroic Age y resulta muy interesante ver cómo este nuevo Capitán América (falible, con un pasado que lo atormenta y con un sentimiento de estar ocupando un lugar que no le pertenece) encaja en esta nueva realidad, más aún con el reciente retorno de Steve Rogers al reino de los vivos. Por estos lados hay un lector impaciente por ver qué nos depara el gran Bru.

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