Cómo los números pueden parecer grandes o pequeños según la intención del hablante


Los números que aparecen en los periódicos pueden llegar a ser muy tendenciosos aunque describan perfectamente la realidad. Eso lo saben los periodistas y creadores de tendencias, así como los políticos. Saben que nuestro cerebro es capaz de interpretar una cifra como alarmantemente grande o como despreciable según cómo se exprese la cifra.

 




Voy a darles algunos ejemplos chocantes.



Imagina una cantidad de dinero X. Si yo quiero señalar que ese dinero es demasiado, puedo deciros que, si hacemos una torre de monedas con esa cantidad, podríamos llegar desde el nivel del mar hasta la cima del Everest.


Everest


Una torre así nos puede parecer una descomunal cifra de dinero. 





Pero esa torre contendría un poco más de 4 millones de monedas (euros, dólares, no importa).


Imagen ilustrativa



Siempre quise escribir eso 






Y esa cantidad cabría holgadamente en una caja cúbica de unos 2 metros de arista. Si hubiera empezado hablando de esa caja llena de monedas, ya no nos habría parecido una cifra tan elevada.


También podemos hablar de superpoblación. Sin duda parecemos muchas personas en el mundo, quizá demasiadas. Pero la cifra parece pequeña si decimos lo siguiente: en el Gran Cañón del Colorado sobraría espacio para contener todos los habitáculos cúbicos (de 6 metros de arista) necesarios para dar vivienda a todos los seres humanos que hay en el planeta.

Gran Cañon




Pero también puedo decir que, si todos los seres humanos se pusieran en hilera, como se hicieran cola para entrar en un evento deportivo o un concierto de masas, esa hilera recorrería más de 8 veces la distancia que hay hasta la Luna.






Se produce una confusión parecida cuando se habla de enfermedades, accidentes u otras desgracias, y sus consecuencias. Si se quiere realzar la seriedad de un problema, lo normal es que se hable de la cantidad de afectados a escala nacional. Si se quiere mitigar su importancia, lo más probable es que se hable del índice de incidencia. Así, si una persona de cada 100.000 tiene determinada enfermedad, a nivel nacional habrá 2.500 casos. La segunda cantidad parece más alarmante y en ella harán hincapié los maximizadores.

Alguien que quiera restar importancia a esta cifra, podría decir que, en un campo de béisbol atestado de público, sólo 1 persona de cada 2 campos deportivos así de llenos padecerá la enfermedad en cuestión.

Estadio de Béisbol





También es cierto que los médicos necesitan cada vez más donantes de sangre. Hay carencia de sangre. Sin embargo, un comunicador torticero podría decir que toda la sangre humana cabría en un cubo de unos 270 metros de largo. Si tenemos en cuenta que el área de Central Park de Nueva York es de 334 hectáreas, esto es, unos 3,34 kilómetros cuadrados, basta con rodearlo con una pared para que contenga tal volumen de sangre. Y la sangre sólo alcanzaría unos 6 metros de altura.


Central Park


El Mar Muerto tiene una superficie de unos 1.000 kilómetros cuadrados. Si vertiéramos toda la sangre humana en el Mar Muerto, sus aguas sólo subirían dos centímetros. 


Mar muerto






Los números pueden hacernos creer una u otra cosa. Todo depende de cómo se presenten. Para ser inmunes a estas manipulaciones, sólo nos queda instruirnos lo máximo posible en matemáticas. Y también leer con mucha atención la información que nos ofrecen.

De lo contrario, pueden brotar casos de histeria injustificada, como la que se sucedió tras la gestación de algunas noticias sobre los efectos perjudiciales de los implantes de silicona. 

El estudio más reciente y seguro, emprendido por la Clínica Mayo y hecho público en el New England Journal of Medicine, indica que, a pesar de la sanción judicial de 4.000 millones de dólares impuesta a los fabricantes por no haberlos probado como es debido, los implantes no causan la multitud de desarreglos del tejido conectivo que se les imputa. Aunque las 2250 mujeres del estudio (un tercio con implantaciones, dos tercios sin ellas) no representan una cantidad suficientemente elevada para ser definitiva, pocas veces ha sido tan radical el divorcio entre ciencia y justicia.


Reaccionar emocionalmente contras las estadísticas es contraproducente. La imparcialidad frente a los números una actitud que debe entrenarse. Por ello las noticias más importantes son las que barajan números. 





El estadístico Arnold Barnett ha analizado en Chance la frecuencia con que distintos modos de morir han sido noticia en la primera plana del New York Times durante un periodo de 2 años. Dicha frecuencia oscilaba entre 0,2 noticias por cada 1.000 muertes anuales de cáncer hasta 138 noticias por cada 1.000 muertes en accidentes aéreos.


Accidente aereo


También en las noticias del mundo empresarial, donde hay menos impedimentos psicológicos para un enfoque más cuantitativo, cuesta a veces determinar si una subida de precios del 5 %, por ejemplo, se basa en los impuestos, en los precios del año pasado o en qué. También aparecen con regularidad complicaciones menos tangibles. Imaginemos que compramos 100 kilos de patatas, por ejemplo, y que se nos dice que son agua al 99 %. Determinar el peso de estas patatas ligeramente deshidratadas no parece difícil en principio, pero he descubierto que pocas personas son capaces de hacerlo.

Un periodista responsable, antes de publicar una noticia, debería tener en cuenta las cifras de referencia, las definiciones operacionales y la aritmética. Sin estas prevenciones, periodistas y lectores de noticias acabamos lastrados por lo dramático, lo gráfico y lo visual. 

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